Los labios son frágiles como la seda y acusan el paso del tiempo por eso hay que tratarlos con delicadeza. El sol, el viento, la humedad agreden contínuamente su delicada piel, más vulnerable que la del rostro por su fino grosor y la carencia de queratina, glándulas sebáceas y película hidrolipídica. De ahí que la hidratación se convierta en el principal objetivo, tanto para evitar que se resequen como que aparezcan en su contorno pequeñas arruguitas que se potencian cuando los notamos secos y tirantes.
La mujeres mantenemos los labios hidratados gracias al uso de labiales que están enriquecidos con sustancias protectoras y nutritivas. Sin embargo los hombres no están acostumbrados, en general, al gesto de cuidarlos y agradecerán que les aconsejes la utilización de productos neutros (de color y perfume) que les protejan.
Para evitar que se resequen evita humedecerte los labios con saliva porque este gesto, que es en apariencia inofensivo, aumenta muchísimo su deshidratación.