Pesadilla de Navidad

Papá Noel Se van acercando las navidades y por mucha crisis que haya hay dos sectores que se frotan las manos: los fabricantes de dulces de navidad y los gimnasios. No es el sentido de la vida, ni que somos, ni de dónde venimos, ni a dónde vamos, la duda existencial que ahora mismo nos tiene con el alma en vilo es: ¿Qué dirá la báscula, ese aparato infernal, después de las navidades?

Seguramente aún estarás en la fase 1 de la naviditis también llamada "este año no caigo". Esta etapa se caracteriza por un exacerbado optimismo y una creencia ilimitada en nuestro poder de autocontrol, lo cual es fácil puesto que aún no hemos sido excesivamente tentados. Pero ¿Quién puede resistirse a los placeres navideños? ¿Cómo decir "¡no!" al maravilloso crujir del turrón de chocolate mientras le hincas el diente o a la explosión de sabor que un lingote de oro de jijona deja en tu boca? ¿Y qué tal las hojaldrinas? Hojas y hojas del más fino hojaldre que más bien son láminas de éxtasis para tu palada... ¿Notas como se te va haciendo la boca agua?

Es posible que a estas alturas ya hayas sucumbido y te hayas entregado a alguna que otra bacanal de bombones, mantecados y turrones. Quizás has resistido impertérrito la procesión de tentaciones, puede incluso que consigas pasar por las comidas de empresa y otras reuniones sociales sin haber caído; pero no te relajes porque aún queda el "punto 24" o Nochebuena. Una verdadera trampa mortal donde la cena con los tuyos al calor de una charla agradable, el alcohol y la insistencia de tu madre en que comas porque estás en los huesos puede hacerte entrar en la fase 2 o "por un día no pasa nada".

En realidad es así, por un día o dos no pasa nada. Pero sólo unos pocos elegidos conseguirán llegar al día 7 de enero en esta fase; la mayoría, recordando los maravillosos sabores que hemos disfrutado no podremos evitar recaer. Habremos entrado en la fase 3 o "de perdidos al río" de la que no hay retorno posible. Su nombre lo dice todo, nos entregamos al placer dulcero sin límites, como si el turrón y los mantecados se fueran a extinguir para siempre y necesitásemos pertrechar nuestros estómagos de tan indispensables alimentos. Otro año más, los cantos de sirena que llegan desde Jijona y Estepa nos habrán seducido, esclavizándonos durante toda la navidad.

Así, entre dulces y más dulces, a lo que hay que añadir todos los tipos habidos y por haber de ibéricos, frituras, carnes, salsas y demás delicias de nuestra mesa, va pasando la navidad. Un día tras otro. Mientras tanto en su esquina del cuarto de baño la báscula aguarda paciente, disfrutando cada vez que piensa en el momento de mostrarte el resultado de tus excesos. Desea con todas sus fuerzas que llegue el día que más temes. No sabes quien atacó primero, ella o tú, pero lo cierto es que vuestra relación no es precisamente amistosa. Ni siquiera el espíritu navideño, que todo lo llena de amor y compasión ha enternecido su frío y despiadado corazón.

Suena el despertador. Hoy es 7 de enero, el fatídico día 7 de enero. Te despiertas y notas que la ropa interior te está algo ajustada, intentas engañarte pensando que "ya no hacen las cosas con la calidad de antes, ahora todo viene de China", pero no funciona. Sabes que no puedes posponerlo más. Con paso tembloroso y un pellizco en el estómago te encaminas hacia el cuarto de baño. Abres la puerta y no puedes evitar dirigir tu mirada hacia ella. Mírala, mírala, mirála, mírala, y ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo, tu báscula.

En tu diccionario la palabra báscula es sinónimo de crueldad, injusticia e infamia. En un intento por mejorar el veredicto de la versión dietética de la Santa Inquisición te despojas de toda la ropa, intentas hasta quitarte los empastes, pero ese maldito dentista y su eficiencia hacen que sea imposible, tendrás que cargar con 1 gramo de más!

Chica pesándose Subes a la báscula. El frío que notas en la planta de los pies te hiela el alma, sabes que es una señal de mal agüero, quieres bajarte pero no puedes. Ya es tarde, demasiado tarde. Miras hacia arriba pidiendo clemencia divina, no quieres ver el resultado, pero no te queda otro remedio. Vas bajando la vista, el pellizco en el estómago se intensifica, ahora maldices cada mantecado, cada bocado de turrón...tu respiración se agita, un sudor frío empieza a asomar por tu frente. Sigues bajando, estas a punto de llegar al indicador de peso, tus fuerzas flaquean, te niegas a verlo. pero en un último intento de reunir todo tu valor bajas aún más la cabeza hasta que lo centras en tu campo visual.

Tus ojos se niegan a leer la sentencia, así que tornan borrosa tu visión, pero poco a poco, con una lentitud desesperante que no hace sino aumentar el dolor de este agónico momento un número se va dibujando. A medida que se va clarificando la imagen, tu boca se va poniendo tan seca como el esparto y tu corazón se va acelerando, no puede ser. ¡¡¡No puede ser!!! Tiene que ser una ilusión, aún te queda esperanza, la imagen aún no es nítida, y con estos pesos electrónicos un 9 es fácilmente confundible con un 4. Desesperado te agarras a esa idea como a un clavo ardiendo pero sabes que te estás engañando, que no es verdad, y eso hace que te angusties aún más, que tu ansiedad aumente hasta niveles que creías imposible soportar. Justo cuando estas a punto de desfallecer el indicador de peso aparece ante tus ojos totalmente nítido y un latigazo de terror azota tu cuerpo, has cogido 5 kilos!. Una carcajada malévola resuena dentro de tu cabeza, es la báscula, alimentándose de tu pavor. Su risa cargada de maldad martillea tu cerebro, más y más fuerte, ¡¡más y más fuerte!!. Sientes como la cabeza te va a explotar y ya no puedes reprimir un desesperado grito de ¡¡¡¡¡¡¡¡SOCORROOOOOOOOO!!!!!!

De repente te despiertas jadeante, con el corazón a punto de salirse de tu pecho y las sabanas empapadas en sudor. Miras el calendario: es 1 de diciembre. Respiras con alivio. Todo ha sido una pesadilla. Lo que antes era tensión, amargura y ansiedad es ahora felicidad, pura felicidad que parece haber sido destilada por el mejor de los alquimistas. Una idea nace fuerte dentro de ti: evitar esa pesadilla a toda costa.

Desde blogbellezza te ayudaremos a conseguirlo. Para ello empezamos una nueva sección, en la que progresivamente iremos dándote recomendaciones útiles, efectivas y fáciles de llevar a cabo para que al el día 7 de enero la báscula no sea tu enemiga, sin por ello renunciar a disfrutar de la navidad y todo lo que te ofrece. ¡No te pierdas ni uno de nuestros consejos!

Muevete Para No Engordar en Navidad

Carrera de Papá Noeles En el anterior consejo te recomendábamos programar las comilonas (usando tus bonos 008) con el fin de que puedas disfrutar a tope de las ocasiones especiales que nos traen estas fiestas y a la vez evitar que la cuesta de enero sea más pesada de lo normal porque hayas cogido algunos kilos.

El segundo truco es muy sencillo: NO TE ACOMODES, INTENTA ESTAR SIEMPRE HACIENDO ALGO. No tengo que decirte que es lo que pasa en esas tardes de invierno de sofá y brasero. Todos lo hemos vivido. Te sientas en el sofá y enciendes la tele, no hay nada que te llame la atención pero igualmente te quedas viéndola hipnotizada. Entonces, cuando estás acomodada, empiezan los continuos viajes al frigorífico y la despensa, las mil meriendas, la merienda-cena, la pre-cena, la cena, la post-cena y si me apuras hasta el pre-desayuno. Resultado: es la una de la mañana, apagas la tele y te acuestas. Entonces recuerdas que no has parado de comer desde las seis de la tarde, sobre todo dulces y saladitos; porque no hay mucha gente que picotee acelgas y tú no eres una de ellas. Por cierto, es muy probable que hayas entrado en la fase 3 (de perdidos al rio).

¡Eso es lo que queremos evitar! No apoltronarte, mantenerte en movimiento, no sólo impedirá que engordes por la inactividad y las calorías, sino que hará que te sientas cada vez más activo con más energías y más ganas de hacer cosas. Haz una lista con las cosas que vas a hacer, y ve paso a paso, una a una, hasta terminarlas todas. Quizás sean cosas que has ido postergando desde hace mucho tiempo como ordenar el trastero o cambiar esa bombilla que se fundió hace 3 meses; quizás sea simplemente salir a dar un paseo o jugar un rato con tus peques; te aseguramos que hay pocos gimnasios más divertidos y eficaces que ese. ¡Te sorprenderás de cómo algo tan simple puede ser tan efectivo!

Es especialmente útil justo después de usar un bono porque el recuerdo de los sabores que has disfrutado puede hacerte caer directamente en la fase 3. Sin embargo, si haces algo de ejercicio, si te mantienes en movimiento, tu cuerpo se reactivará y tu mente cambiará el chip, dejando de bombardearte insistentemente con imágenes de todo tipo de dulces.

Si pones en práctica este sencillo consejo no sólo tendrás tu casa como los chorros del oro o te divertirás con los más pequeños de la familia como nunca antes lo habías hecho, sino que no habrá quien te mueva de la fase 2 (por un día no pasa nada): lo que quiere decir que disfrutarás a tope de la navidad y sus placeres sin tener que batirte en duelo con tu báscula.

Para no Engordar en Navidad Programa las Comilonas

Dulces o fruta? Por toda la red hay páginas con artículos en las que dan trucos para no engordar en navidad. Si las lees comprobarás que te aconsejan evitar el pan, evitar los embutidos, evitar las carnes, evitar los mantecados, evitar los turrones, evitar los licores, evitar, evitar, evitar, evitar. Nuestra palabra clave no es "evitar" sino "levitar".

Levitar porque al acabar la navidad no estarás anclada a la madre tierra por 5 kilos de más. Levitar de felicidad porque la navidad es una época para reencontrarte con los tuyos, para compartir momentos inolvidables con la gente que de verdad te quiere, a los que puede que hace mucho tiempo que no ves. Por eso te animamos a que los exprimas al máximo, a que te dejes llevar por lo que te apetezca en cada momento.

Imagina la escena. Tu familia, tus amigos, los que más quieres alrededor de una mesa. Todos ríen con las paridas del gracioso de turno, tal vez tu hermano o tu amigo Pepito. Mira sus caras llenas de felicidad. Están saboreando el momento. Comen lo que les apetece, beben lo que más les gusta, se dejan llevar. ¿Y tu? ¿Quieres estar en una esquina de la mesa angustiada porque te mueres de ganas de hincarle el diente al turrón y no puedes? ¿O te apetece una copa de cava y estás bebiendo agua con gas?

Seguro que quieres relajarte y disfrutar de todo lo que puede ofrecerte este día: el cariño de los tuyos, las risas, el recuerdo emocionado al que no está, una charla amena y agradable, las bromas, pero también la comida y la bebida que te gusta. Todas esas piezas encajan para componer el puzle de tu felicidad.

Lo novedoso, lo que quizás nadie te haya dicho, es que ¡es posible disfrutar al máximo de lo que la navidad te ofrece y llegar al 7 de enero en paz con tu báscula! No tienes por qué estar toda la navidad a base de acelgas al vapor con pescado magro al vapor. ¡No eres una vaporetta!

La clave está en quedarnos en la fase 2 (por un día no pasa nada), que de vez en cuando nos permite darnos esos homenajes que tanto nos gustan sin entrar en guerra nuclear con nuestra báscula. Para ello tendrás que programar con antelación las ocasiones en las que quieres tener estos "paréntesis nutricionales".

Si me permites un símil, es como una inversión. Tienes unos bonos, los que tú quieras, 6 es un buen número. Los llamaremos "bonos 008 con licencia para zampar". Cuando emplees uno podrás comer y beber lo que te apetezca, sin límites, durante una comida. Sólo tendrás que relajarte, dejarte llevar y disfrutar de los placeres navideños, porque sabrás que es un lujo que puedes permitirte.

Ese es el capital de tu inversión. La pregunta es. ¿En qué quieres invertirlos? ¿Quieres invertir esos 6 bonos en 6 tardes mientras ves la tele sola en tu sofá? Adelante, hazlo, pero la opción no parece muy inteligente, porque si lo haces cuando estés reunida con los tuyos te quedarán 2
opciones: ver con cara mustia como tu familia se pone las botas o pasar a la fase 3 (de perdidos al río) y echar por tierra el tratado de paz con tu báscula.

Sabemos que hay comidas muy especiales en Nochebuena, Navidad, Nochevieja, año nuevo, reyes y quizás alguna ocasión más durante estas fiestas en la que también te reúnes con los tuyos, ahí es donde tienes que emplear los bonos. No sólo disfrutarás aún más de esos momentos, sino que el aporte calórico extra que puedas recibir a penas te hará engordar y puede ser fácilmente neutralizado con los siguientes consejos que tenemos para ti. No te pierdas el próximo, trata de la manera más fácil, agradable y eficaz de neutralizar esos pequeños excesos.

¡Ah! Se me olvidaba. ¡Bon appétit!