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Pesadilla de Navidad


By paloma - Posted on 08 Diciembre 2008

Papá Noel Se van acercando las navidades y por mucha crisis que haya hay dos sectores que se frotan las manos: los fabricantes de dulces de navidad y los gimnasios. No es el sentido de la vida, ni que somos, ni de dónde venimos, ni a dónde vamos, la duda existencial que ahora mismo nos tiene con el alma en vilo es: ¿Qué dirá la báscula, ese aparato infernal, después de las navidades?

Seguramente aún estarás en la fase 1 de la naviditis también llamada "este año no caigo". Esta etapa se caracteriza por un exacerbado optimismo y una creencia ilimitada en nuestro poder de autocontrol, lo cual es fácil puesto que aún no hemos sido excesivamente tentados. Pero ¿Quién puede resistirse a los placeres navideños? ¿Cómo decir "¡no!" al maravilloso crujir del turrón de chocolate mientras le hincas el diente o a la explosión de sabor que un lingote de oro de jijona deja en tu boca? ¿Y qué tal las hojaldrinas? Hojas y hojas del más fino hojaldre que más bien son láminas de éxtasis para tu palada... ¿Notas como se te va haciendo la boca agua?

Es posible que a estas alturas ya hayas sucumbido y te hayas entregado a alguna que otra bacanal de bombones, mantecados y turrones. Quizás has resistido impertérrito la procesión de tentaciones, puede incluso que consigas pasar por las comidas de empresa y otras reuniones sociales sin haber caído; pero no te relajes porque aún queda el "punto 24" o Nochebuena. Una verdadera trampa mortal donde la cena con los tuyos al calor de una charla agradable, el alcohol y la insistencia de tu madre en que comas porque estás en los huesos puede hacerte entrar en la fase 2 o "por un día no pasa nada".

En realidad es así, por un día o dos no pasa nada. Pero sólo unos pocos elegidos conseguirán llegar al día 7 de enero en esta fase; la mayoría, recordando los maravillosos sabores que hemos disfrutado no podremos evitar recaer. Habremos entrado en la fase 3 o "de perdidos al río" de la que no hay retorno posible. Su nombre lo dice todo, nos entregamos al placer dulcero sin límites, como si el turrón y los mantecados se fueran a extinguir para siempre y necesitásemos pertrechar nuestros estómagos de tan indispensables alimentos. Otro año más, los cantos de sirena que llegan desde Jijona y Estepa nos habrán seducido, esclavizándonos durante toda la navidad.

Así, entre dulces y más dulces, a lo que hay que añadir todos los tipos habidos y por haber de ibéricos, frituras, carnes, salsas y demás delicias de nuestra mesa, va pasando la navidad. Un día tras otro. Mientras tanto en su esquina del cuarto de baño la báscula aguarda paciente, disfrutando cada vez que piensa en el momento de mostrarte el resultado de tus excesos. Desea con todas sus fuerzas que llegue el día que más temes. No sabes quien atacó primero, ella o tú, pero lo cierto es que vuestra relación no es precisamente amistosa. Ni siquiera el espíritu navideño, que todo lo llena de amor y compasión ha enternecido su frío y despiadado corazón.

Suena el despertador. Hoy es 7 de enero, el fatídico día 7 de enero. Te despiertas y notas que la ropa interior te está algo ajustada, intentas engañarte pensando que "ya no hacen las cosas con la calidad de antes, ahora todo viene de China", pero no funciona. Sabes que no puedes posponerlo más. Con paso tembloroso y un pellizco en el estómago te encaminas hacia el cuarto de baño. Abres la puerta y no puedes evitar dirigir tu mirada hacia ella. Mírala, mírala, mirála, mírala, y ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo, tu báscula.

En tu diccionario la palabra báscula es sinónimo de crueldad, injusticia e infamia. En un intento por mejorar el veredicto de la versión dietética de la Santa Inquisición te despojas de toda la ropa, intentas hasta quitarte los empastes, pero ese maldito dentista y su eficiencia hacen que sea imposible, tendrás que cargar con 1 gramo de más!

Chica pesándose Subes a la báscula. El frío que notas en la planta de los pies te hiela el alma, sabes que es una señal de mal agüero, quieres bajarte pero no puedes. Ya es tarde, demasiado tarde. Miras hacia arriba pidiendo clemencia divina, no quieres ver el resultado, pero no te queda otro remedio. Vas bajando la vista, el pellizco en el estómago se intensifica, ahora maldices cada mantecado, cada bocado de turrón...tu respiración se agita, un sudor frío empieza a asomar por tu frente. Sigues bajando, estas a punto de llegar al indicador de peso, tus fuerzas flaquean, te niegas a verlo. pero en un último intento de reunir todo tu valor bajas aún más la cabeza hasta que lo centras en tu campo visual.

Tus ojos se niegan a leer la sentencia, así que tornan borrosa tu visión, pero poco a poco, con una lentitud desesperante que no hace sino aumentar el dolor de este agónico momento un número se va dibujando. A medida que se va clarificando la imagen, tu boca se va poniendo tan seca como el esparto y tu corazón se va acelerando, no puede ser. ¡¡¡No puede ser!!! Tiene que ser una ilusión, aún te queda esperanza, la imagen aún no es nítida, y con estos pesos electrónicos un 9 es fácilmente confundible con un 4. Desesperado te agarras a esa idea como a un clavo ardiendo pero sabes que te estás engañando, que no es verdad, y eso hace que te angusties aún más, que tu ansiedad aumente hasta niveles que creías imposible soportar. Justo cuando estas a punto de desfallecer el indicador de peso aparece ante tus ojos totalmente nítido y un latigazo de terror azota tu cuerpo, has cogido 5 kilos!. Una carcajada malévola resuena dentro de tu cabeza, es la báscula, alimentándose de tu pavor. Su risa cargada de maldad martillea tu cerebro, más y más fuerte, ¡¡más y más fuerte!!. Sientes como la cabeza te va a explotar y ya no puedes reprimir un desesperado grito de ¡¡¡¡¡¡¡¡SOCORROOOOOOOOO!!!!!!

De repente te despiertas jadeante, con el corazón a punto de salirse de tu pecho y las sabanas empapadas en sudor. Miras el calendario: es 1 de diciembre. Respiras con alivio. Todo ha sido una pesadilla. Lo que antes era tensión, amargura y ansiedad es ahora felicidad, pura felicidad que parece haber sido destilada por el mejor de los alquimistas. Una idea nace fuerte dentro de ti: evitar esa pesadilla a toda costa.

Desde blogbellezza te ayudaremos a conseguirlo. Para ello empezamos una nueva sección, en la que progresivamente iremos dándote recomendaciones útiles, efectivas y fáciles de llevar a cabo para que al el día 7 de enero la báscula no sea tu enemiga, sin por ello renunciar a disfrutar de la navidad y todo lo que te ofrece. ¡No te pierdas ni uno de nuestros consejos!

:D :D :D hacía tiempo que no me reía tanto. acabas de inventar la comedia-thriller. enhorabuena.Me ha encantado el post. Espero con verdadera ansiedad esos consejos.Aun estoy en la fase 1 ¡ayudadme!

Me alegra que aún no hayas sucumbido a los encantos de los dulces navideños, es un buen comienzo. Mañana mismo empezamos con los consejos!

Espero que me sigas leyendo.

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saludos

Paloma



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